
OPINIÓN
Del periodista Javier Genao
Un partido político que no defiende a su propia gente pierde, tarde o temprano, la confianza de aquellos que lo sostienen. Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo con el PRM en la provincia de Dajabón.
En los últimos días ha sido evidente el malestar interno: dirigentes locales desplazados, estructuras debilitadas y decisiones que favorecen a “forasteros” que llegan sin conocer la realidad fronteriza ni mostrar compromiso con la comunidad. Quienes han trabajado por años por el partido en esta provincia sienten que están siendo sustituidos por figuras importadas desde otros territorios, donde sí prevalece una dirección organizada, humana y consciente de sus necesidades.
Mientras en otros lugares los líderes del PRM protegen, defienden y elevan a su gente, en Dajabón predomina el abandono político, un ambiente de incertidumbre y un liderazgo provincial prácticamente inexistente. La frontera, que debería ser vista como prioridad estratégica y social, hoy luce “manga por hombros”: sin rumbo, sin representación real y sin voces internas capaces de gestionar, orientar o defender a los perremeístas locales.
El desplazamiento de dirigentes genuinos por personas ajenas a la dinámica provincial es más que una falta de tacto político; es una desconexión peligrosa. Dajabón enfrenta desafíos únicos: migración, comercio fronterizo, seguridad, tensiones sociales y una economía golpeada. Quien no siente la provincia, difícilmente puede representarla con responsabilidad.
El PRM en Dajabón necesita recuperar su esencia: liderazgo cercano, respeto por la militancia, planificación y orden. No se puede construir un proyecto político sólido sobre la exclusión de los propios ni sobre la imposición de figuras sin arraigo.
Porque al final, lo que está en juego no es solo la estructura de un partido.
Es la voz de una provincia que merece ser escuchada, defendida y representada con dignidad. Si esto no se arregla con tiempo, no habrá gobierno para el 2028.
